BRUJAS EN LA REALIDAD Y LA FICCIÓN

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Leonor Rodríguez «La Camacha»

Para diferenciar hechiceras y brujas, nos basamos, primeramente, en las afirmaciones de JULIO CARO BAROJA (Las brujas y su mundo, Madrid, Alianza, 1992, pp. 113, 135 y 148), que relaciona la hechicería con la práctica solitaria y urbana, y la brujería con la práctica comunitaria y rural. Por otra parte,no es necesario acudir a otros estudios para trazar la diferencia entre bruja y hechicera, las piezas literarias no suelen confundir ambas figuras. La hechicera, además de ser independiente y urbana, tiene relación con el diablo, al que invoca en sus rituales mágicos, pero su trato de amistad con él no pasa de ahí. La bruja se reúne en un cierto punto (valle o montaña) con otros integrantes de la secta y adora al diablo, ante el cual ha renegado de Dios y ha jurado obediencia, e instigada por él debe practicar todo el mal que esté en su mano. No debemos olvidar que también mantiene relaciones sexuales con su mentor, aspecto que se halla ausente en el caso hechiceril.

Hechiceras y brujas: algunos encantos cervantinos EVA LARA ALBEROLA.

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Las brujas y su mundo (Alianza Editorial)

 

Leonor Rodríguez “La Camacha”

Por lo que se conoce de Leonor Rodríguez “La Camacha”, nació en Montilla (Córdoba), más o menos por 1532, siendo sus abuelos paternos Antón García Camacho y Leonor Rodríguez, tuvieron tres hijos: Leonor y Elvira García, y a Juan Camacho, este último falleció antes de 1531. La segunda hija de aquel matrimonio, Elvira García, casó con Alonso Ruiz Agudo, de cuyo matrimonio nació una sola hija, Leonor Rodríguez, a la que le impusieron en la pila bautismal el nombre de la abuela y adoptó su apellido.

El apodo de “Las Camachas·, viene derivado del segundo apellido paterno, es decir, que ya a la abuela, madre y tía, así les llamaban por este apodo, cosa por otra parte muy corriente y usual en la mayoría de los pueblos de España. Pero solo Leonor pasaría a la historia con este apodo familiar.

Esta Leonor Rodríguez, “La Camacha”, se casó con Antón García de Bonilla, que murió porque, según las habladurais del pueblo, “lo volvio loco”, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos varones, uno, que al igual que a su padre lo volvió demente, y Antón Gómez Camacho, que vivía cuando fue juzgada por la Inquisición, y aún le sobrevivió durante muchos años.

En 1567 desapareció durante cuatro meses de Montilla, según cuenta se fue a Granada, donde al parecer se inició en el arte especialmente con una mora que le enseñó los primeros rudimentos y le facilitó las hierbas necesarias para hacer ungüentos, pociones, reparar virgos…

Se enorgullecía de haber aprendido de los más notables y aventajados moros y cristianos, y fueron tantos sus anhelos de superación en conocer nuevas técnicas, que no tenía ningún pudor ni rubor en declarar que estuvo fornicando algún tiempo con un moro, “sin bautizar” (debemos recordar, que por aquellos días eran perseguidos los “no bautizados, tanto moros como judios) para que le diera lecciones.

Eran muchos los que requerían sus servicios, siempre les decía que ella no sabía gran cosa de ello, pero, les prometía hacerle algún conjuro para tratar de conseguirlo, o bien, que se lo encargaría a otra hechicera que lo hiciera por su mediación, con lo cual aumentaba sus honorarios.

Conocía a la perfección quién había hecho pacto con el diablo, y las huellas o marcas que habían dejado su convenio.

Entre las aspirantes a hechiceras gozaba de un gran prestigio, por lo que sus lecciones eran estimadísimas y ganaba dinero con las clases, concertaba previamente lo que le habían de abonar por cada lección, que unas veces era en metálico y otras en especie o las dos cosas a la vez, siendo de su preferencia en Cuaresma, las “asaduras y los pollos”.

Por todas estas y otras muchas cosas más, presumía de ser una magnífica profesional, y a pesar de ello, para estar al día de cuantas innovaciones y nuevos métodos en el “arte” se iban produciendo, cuando se enteraba de que en algún lugar existía una hechicera, daba igual si era mora, cristiana o judia, que supiera algo más que ella, sin reparar en gastos ni molestias, se lanzaba en su búsqueda para tratar de conseguir ampliar sus conocimientos.

Segun esta leyenda tenía un “laboratorio” bastante bien pertrechado de elementos, entre los que se encontraban, además de los utensilios propios de la cocina como ollas, jarras, redomillas, etc. el pertinente cuchillo de cachas prietas para realizar los cercos, sapos y salamanquesas muertas y disecadas, escarabajos, el cedazo, cera, velas, orines de negra, figuras de hombres recortadas en lienzo, gran cantidad de alfileres, que decía habían estado en el infierno, infinidad de hierbas para la confección de ungüentos, cáscaras de cebollas, y otros “materiales” que tenían como finalidad el arte de la brujeria y el culinario, tales como garbanzos, habas, huevos, vino, sal, pimientas, y otras especies.

Su fortuna y hacienda eran considerables, pues a las dos tiendas y el mesón, que había heredado de su madre, se unía al producto de su “trabajo”, por eso, los Inquisidores, además de secuestrarle los bienes, le impusieron de multa la importantísima cantidad de 56.250 maravedís, equivalente a ciento cincuenta ducados.

La causa de la prisión de “La Camacha”, ya la sabemos: fue por la acusación de los Padres Jesuitas de Montilla, que comunicaron al tribunal de Córdoba, que en dicha villa existían “más de cincuenta personas que tenían familiares”, que habian acudido a la “bruja”

A pesar de los “favores” prestados a sus conciudadanos, no debió gozar de mucha simpatia en su pueblo natal a juzgar por el crecido número de personas que testificaron contra ella; veintidós vecinos eran muchos para una villa relativamente pequeña por aquellas tiempos, que no solamente la acusaron, sino que ampliaron los cargos y aunque se mantuvo por algún tiempo negando cuanto le habían imputado y adjudicándoselo a otras hechiceras o personas fallecidas, como hacían la gran mayoría de ellas, a pesar de sus muchos poderes mágicos, no pudo escabullirse de “ser puesta a cuestión de tormento”, por lo que, ante medios tan “persuasorios”, no tuvo más remedio que confesar de plano y con todo lujo de detalles.

 

 (Abjuración de Lervi)

El Casamiento engañoso y el coloquio de los perros.CERVANTES.1918 Rodriguez Marín.

El Casamiento engañoso y el coloquio de los perros.CERVANTES.1918 Rodriguez Marín.

El día 8 de diciembre de 1572, en la ciudad de Córdoba. Catalina Rodríguez, Leonor Rodríguez “La Camacha”, Mari Sánchez “la Roma”, y Mayor Díaz, todas ellas vecinas de la localidad de Montilla, comparecieron en compañía de Ana Ortiz, de Baeza, y Rodrigo de Narváez, de Jaén, convictos ambos, asimismo, de taumaturgia. Confesaron haber hecho pacto con el diablo; trazado círculos en el suelo con el objeto de invocar demonios; y celebrado nocturninas ceremonias rituales en el cementerio de la localidad. La Camacha era, a lo que parece, quien acaudillaba el movimiento; Miguel de Cervantes escribió, por cierto, una muy conocida enumeración de sus presuntas habilidades: «Ella congelaba las nubes cuando quería, cubriendo con ellas la faz del sol, y cuando se le antojaba, volvía sereno el más turbado cielo; traía los hombres en un instante de lejas tierras; remediaba maravillosamente las doncellas que habían tenido algún descuido en guardar su entereza; cubría a las viudas que con honestidad fuesen deshonestas; descasaba las casadas, y casaba las que ella quería. Por diciembre tenía rosas frescas en su jardín y por enero segaba trigo. Esto de hacer nacer berros en una artesa era lo menos que ella hacía, ni el hacer ver en un espejo, o en la uña de una criatura, los vivos o los muertos que le pedían que mostrase. Tuvo fama que convertía a los hombres en animales, y que se había servido de un sacristán seis años, en forma de asno». Leonor Rodríguez recibió, en consecuencia, una pena más grave que la de sus amigas y compatriotas. Es de notar, por cierto, que ninguna de las sagas, a pesar de los gravísimos delitos que reconocieron haber cometido, acabó en la hoguera; la Camacha, sin ir más lejos, recibió cien azotes en Córdoba, cien en Montilla, pagó una multa de ciento cincuenta ducados, prestó dos años de servicio público en un hospital de Córdoba y hubo, en fin, de vivir diez en el destierro. Las penas, en cambio, del resto de las acusadas fueron bastante más leves; Mayor Díaz, de hecho, no recibió ni un solo azote: su pena consistió, sin más, en la vergüenza pública.

Goya 5

24. Nohubo remedio.
A esta santa señora la persiguen de muerte. Después de escribirla la vida la sacan en triunfo. Todo se lo merece y si lo hacen por afrentarla es tiempo perdido. Nadie puede avergonzar a quien no tiene vergüenza. [El Prado]

Al día siguiente según norma de la Inquisición, cabalgando sobre un asno, por las principales calles cordobesas, recibió los cien azotes ordenados, con el consiguiente jolgorio y regocijo de la chiquillería y satisfacción de mayores, naturales y foráneos. A los pocos días, en cumplimiento de la sentencia, fue trasladada a Montilla, donde, con el mismo «ceremonial», le propinaron los otros cien azotes.

Sin duda, ya le habían devuelto sus bienes y obtenido un permiso especial para trasladarse a Montilla, al objeto de ordenar sus negocios. Allí se encontraba el 6 de febrero de 1573 otorgando carta de venta y de imposición de censo y tributo a favor de su hijo, ahora se llamaba como su padre: Antón Gómez de Bonilla, y a sus herederos, de 3.501 maravedís y medio de censo de tributo cada año, a razón de 14.000 maravedís, además, como su hijo había afrontado los gastos que “La Camacha”, había tenido durante su estancia forzosa en las cárceles inquisitoriales de Córdoba; por un memorial, le reconoce las deudas contraídas, entre las que figuran la compra de los tejidos. Tras una vida tan intensa dedicada a las artes mágicas y a sus innumerables negocios, entregó su alma a Dios o al diablo en el 1585, apenas contaba con 53 años de edad

 

La obra de cervantes “Novelas ejemplares” y el episodio de “El coloquio de los perros” pese a la gran fama que gozan y que han hecho mundialmente (al menos eso creemos en España) famosa a la bruja “La camacha”. No ha servido para tener muchas imágenes de ella como sucede con “la celestina”, por ejemplo. La obra de pintores e ilustradores han racaneado mucho con ella y no ha gozado de mucha consideración por parte de ell@s. Para fatalidad de tod@s, que careciendo muchas veces de la inspiración de las musas para sacar un tema. No recaen nunca en la escases de retratos o cuadros de que nuestra bien apreciada protagonista carece. Para más desesperación de esta humilde sierva del Dios y de la Diosa que no sabe nada de pinturas ni pinceles. No teniendo bastante con esto (encima de lo poco o nada que hay y que yo he encontrado) lo que existe recibe diferentes nombres tal es el caso de la obra “la cocina de las brujas “de nada más ni nada menos que de el mismísimo Francisco de Goya y Lucientes.

La cocina de las brujas.

Según el autor Frank Irving, esta obra,conocida  erroniamente con el nombre de la cocina de las brujas, debería llamarse  “Berganza y Cañizares”, pues representa a estos personajes de la novela de Cervantes “El coloquio de los perros”.

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La Casa de las “Camachas” en Montilla, Córdoba.

 

Montilla en Córdoba, enmarca su término municipal en la Campiña Alta, localizándose el núcleo de población aproximadamente en el centro del mismo. Aquí se enmarca la Casa de las Camachas.  Construida alrededor del siglo XVI en Montilla, este nombre le viene dado por su proximidad al lugar en que se encontraba el mesón desaparecido donde vivieron las pintorescas Camachas señaladas por la leyenda como brujas y alcahuetas: la Camacha, la Montiela y la Cañizares. Una de ellas, Leonor Rodriguez la “Camacha”  es nombrada por Miguel de Cervantes en su libro “El Coloquio de los Perros”.

En la casa que figura con el número 4 de la antigua calle de Tarasquilla, de creer a pies juntillas la tradición, allí vivieron las tres brujas legendarias conocidas como Las Camachas. De entre ellas destaca el personaje histórico, controvertido y celestinesco de Leonor Rodriguez “La Camacha”, de cuyas artes brujeriles Miguel de Cervantes Saavedra hace contínuas alusiones en su obra “El Coloquio de los Perros”.

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Casa de la Camacha_1

La historia sobre la que Cervantes centra su novelesco relato, bien pudo ser escuchada personalmente por el propio escritor durante su estancia en Montilla, en los últimos años del siglo XVI. Así, Miguel de Cervantes recogería del comentario popular, la historia de la bruja juzgada por el Santo Oficio, posiblemente aumentada por la exageración y la maledicencia. En su famosa novela ejemplar, el escritor describe a Leonor Rodríguez “La Camacha” con expresiones que definirían a la bruja de alcahueta, celestina y proxeneta.

Al mesón de la Camacha, ya desaparecido, y situado antiguamente cerca de la casa, llegó don Alonso de Aguilar, un joven rico, para pedir a las brujas ayuda con el objetivo de seducir a doña Mayor de Solier, una dama Montillana.

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Tras la intervención de las Camachas, la mujer quedó embarazada. Esta aseguró a su madre que su maternidad era fruto de los hechizos de las brujas, y denunció el caso ante la Inquisición. Para evitar el escándalo, don Alonso influyó de tal modo que la violación fue disfrazada de brujería.

Según se dice en el proceso Inquisitorial, la dama fue encontrada desmayada en una de las habitaciones de la casa, tras haber visto a don Alonso convertido en un hermoso caballo.

Cabe decir, que estos hechos pudieron suceder de manera distinta y haber sido la madre de doña Mayor quien pidiera ayuda a las hechiceras para atraer al joven hacia su hija.

Hasta este escenario se desplazaron en 2003, casi cinco siglos después dos mediums pertenecientes a un  programa de Canal Sur donde según ellas sintieron algunos de los momentos más trágicos de su misteriosa historia.

Nada más cruzar el dintel de la puerta de acceso a esta casa construida en el siglo XVI, las dos mujeres comenzaron a mostrarse inquietas y a sentir malestar físico, náuseas, temblores y mareos. Estas manifestaciones se intensificaron a medida que recorrían las diversas dependencias de la vivienda, donde detectaron presencias de supuestos hechos anteriores vinculados a esta edificación. En concreto, una de las paredes del patio captó su interés, así como la cocina, en cuya chimenea aparece esculpida una curiosa cabeza de rasgos indefinidos. Uno de los sótanos más estrechos y oscuros de la casa atrajo, igualmente, su atención.

Una de las medium, Antonia Martínez, dice haber percibido claramente la existencia de ritos iniciáticos que se remontan a los orígenes de la casa y confirma que ha detectado sensaciones de violencia relacionadas con la práctica de la brujería, incluso actos trágicos que desembocaron en la muerte de varias mujeres y niñas.

Sea como fuere,  esta casa guarda numerosos secretos que quien sabe si algún día podrán ser desvelados. De lo que no hay duda es de que gracias a estas brujas, Cervantes pudo inspirarse para escribir su magnífica obra.

 

 

 

 

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El coloquio de los perros_Cervantes

GIBERNAU COLOQUIO PERROS

El coloquio de los perros (título por el que es más conocida, aunque su título real es Novela, y coloquio, que pasó entre Cipión y Berganza, perros del Hospital de la Resurrección, que está en la ciudad de Valladolid, fuera de la puerta del Campo, a quien comúnmente llaman “Los perros de Mahudes”) es una de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes.

La consideración de esta pieza como una novela independiente dentro de las Novelas ejemplares es problemática, ya que el Coloquio es en realidad un texto de uno de los personajes de la novela anterior, El casamiento engañoso, da a leer a un amigo. Así pues, en cierta manera ambas novelas forman una unidad.
Escenifica la conversación entre dos perros, llamados Cipión y Berganza, que guardan el citado Hospital de la Resurrección de Valladolid, en cuyo solar se encuentra hoy la Casa Mantilla. Al comprobar que han adquirido la facultad de hablar durante las noches, Berganza decide contar a Cipión sus experiencias con distintos amos, recorriendo lugares como Sevilla, Montilla (Córdoba) y Granada, hasta llegar a Valladolid.
El relato de Berganza está construido según los principios estructurales básicos de la novela picaresca (principio de viaje, principio de servicio a varios amos, etc.). Mediante el contrapunto de los comentarios del otro perro, Cipión, Cervantes cuestiona algunos de los presupuestos y las técnicas de la picaresca, a la vez que reflexiona sobre las relaciones entre la literatura, la verosimilitud y la realidad.

Editorial Sopena, Barcelona, 1954

Novelas Ejemplares.Editorial Sopena, Barcelona, 1954

A Pesar de los mejores esfuerzos de los historiadores en los últimos  años, no se ha probado ni refutado la existencia entre los siglos XIV y XVII del culto de la brujería centrado en la celebración del Sabbat. Sobrevivían sin duda formas más antiguas de prácticas ocultas incluyendo lo que tradicionalmente se llamaba la brujería. Se ha intentado explicar el culto demoníaco de la  brujería, en cambio, como un sistema tradicional de creencias. El autor, Carlo Ginzburg arguye que ciertas creencias y prácticas populares, tales como ritos de fertilidad, vuelos nocturnos, metamorfosis y comunicación con los muertos, se transformaron en el Sabbat debido a la persecución religiosa. Para él no hubo ningún culto ni ritos satánicos, sino sólo creencias y mitos. En efecto, numerosos historiadores han documentado la demonización de creencias y prácticas tradicionales. Lo que queda sin resolver es la cuestión de un culto diabólico y la correspondiente organización o “secta” de la brujería. Si se toma en cuenta el hecho de que casi toda la documentación viene de fuentes o instituciones hostiles, la coincidencia de los testimonios prueba muy poco en sí, pudiendo ser explicada tanto como imposición ortodoxa, como creencia difundida, y tal vez también como la existencia de un culto constituido por organizaciones locales. En cualquier caso, aun los escépticos de los siglos XVI y XVII se inclinaban a creer que por lo menos algunos de los acusados sí estaban convencidos de ser brujas y brujos participantes en un culto satánico con algún tipo de rito correspondiente. Para estos escépticos, el Sabbat no existía como tal, tratándose más bien de una ilusión  inducida por el sueño, por sustancias alucinógenas, y a veces por el diablo mismo.

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El entendimiento del episodio de brujería en el “Coloquio de los perros” no depende en absoluto de una resolución al problema de si había o no una “secta” de brujería. Pero, sobre todo en el caso de la brujería cervantina, no podemos refugiarnos, como han hecho algunos críticos, en el cliché de que lo único que importa en la literatura es la “forma.” La Cañizares está bien informada sobre los debates corrientes referentes al Sabbat, y su autocensura respecto a lo que ella cree que ocurre en el aquelarre presupone un conocimiento del Sabbat por parte de los lectores de la novela. Al mismo tiempo, como señalaré más adelante, hay diferencias de sustancia y énfasis muy significativas entre su versión y los testimonios de los acusados.
Tomo como punto de partida una observación sumamente obvia cuyas implicaciones merecen explorarse más de lo que se ha hecho hasta ahora: el que la gran mayoría de los supuestos practicantes de la brujería, tanto en la realidad histórica como en la ficción cervantina, son mujeres. Esto no era ningún secreto para los contemporáneos de Cervantes: con matices diferentes, se hablaba de la natural propensión femenina hacia la superstición y hacia el mal, la cual señalaba o bien una debilidad o bien un peligroso poder maléfico intrínsecos a la mujer. Los testimonios de los procesados dan por sentado el trascendente papel desempeñado por mujeres tanto en las organizaciones locales de brujería como en el Sabbat. Las mujeres ocupaban los puestos más altos entre los seres humanos, mientras que los hombres hacían papeles subalternos de ayudantes o músicos. En efecto, todo lo relacionado con la brujería de aquel entonces —el nacimiento y la mortandad infantil, la fertilidad o esterilidad de los campos, los vuelos nocturnos, la cocina y la orgía— se asociaba más bien con el dominio femenino. Mientras que los doctos de aquella época veían conexiones con las famosas magas de la mitología clásica, las investigaciones actuales apuntan vagamente hacia la demonización de cultos de fertilidad centrados en diosas paganas. Por otra parte, las estadísticas referentes a la brujería en todas partes de Europa comprueban la preponderancia de mujeres, y sobre todo de grupos compuestos más de mujeres que de hombres, entre los acusados. Todo esto sugiere no una cultura femenina separada sino más bien una serie de imágenes de comunidades principalmente femeninas con dominio propio, comunidades marginales y cada vez más marginalizadas, y comunidades dobles que se realizaban como organizaciones locales y como conjuntos de participantes en el Sabbat.

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Aunque la Cañizares habla de las grandes reuniones del aquelarre, no hay ningún indicio en el “Coloquio” de que haya organizaciones locales tales como las que se describen en los procesos del País Vasco. Añado como nota histórica que, según Gustav Henningsen , la noción del Sabbat no penetró en Andalucía, lo cual implica que Cervantes ha transferido la supuesta práctica del Sabbat a una región donde no está arraigado ni el conocimiento del aquelarre ni mucho menos la “secta”. Lo que sí se encuentra en el “Coloquio” es la historia de tres mujeres unidas por una especie de convivencia compleja que comprende amistad, amor, envidia y malicia y sobre todo la práctica compartida de dos artes ocultas —la hechicería y la brujería. Cabe recordar en seguida la distinción articulada por Julio Caro Baroja entre la hechicería como arte solitario y la brujería como culto comunitario.
Si exceptuamos ciertas parejas formadas por mujeres, ya sean éstas amigas o rivales, las novelas cervantinas ofrecen muy pocos casos de relaciones femeninas. El relato de la Cañizares en el “Coloquio” deja vislumbrar un mundo principalmente femenino a través de un conjunto de tres mujeres cuyas relaciones entre sí excluyen lo masculino. El que sean tres mujeres es significativo porque es a partir de tres personas cuando se constituye un grupo social —y un grupo, como se sabe muy bien desde los análisis de Georg Simmel, tiene características muy diferentes de las de una relación entre dos personas.

Tres brujas, dibujo (Gabinete gráfico del Louvre de París) Hans Baldung

Tres brujas, dibujo (Gabinete gráfico del Louvre de París) Hans Baldung

Si exceptuamos ciertas parejas formadas por mujeres, ya sean éstas amigas o rivales, las novelas cervantinas ofrecen muy pocos casos de relaciones femeninas. El relato de la Cañizares en el “Coloquio” deja vislumbrar un mundo principalmente femenino a través de un conjunto de tres mujeres cuyas relaciones entre sí excluyen lo masculino. El que sean tres mujeres es significativo porque es a partir de tres personas cuando se constituye un grupo social —y un grupo, como se sabe muy bien desde los análisis de Georg Simmel, tiene características muy diferentes de las de una relación entre dos personas.
Dos veces se nos presenta a la Cañizares a través de sus colegas muertas. Tan pronto como el atambor alude a la famosa hechicera la Camacha, la hospitalera aparece dramáticamente en el relato de Berganza. De modo parecido, el relato de la Cañizares comienza con una larga descripción de la Camacha y sus poderes mágicos, antes de pasar a la Montiela y luego a la Cañizares misma. Hasta este momento ni siquiera se sabe su nombre.

En ambos casos se efectúa una transferencia de lo que es y hace la Camacha a lo que es y hace la Cañizares, ya que ésta sólo adquiere identidad mediante la identidad de la otra, al mismo tiempo que se proyecta la imagen de un grupo de mujeres estrechamente relacionadas.
En asuntos de hechicería hay un efecto de gradación de poder, del más al menos. Pero la Cañizares no concede ninguna ventaja en asuntos de brujería, lo cual parece negar la noción de jerarquía en la brujería cervantina, a diferencia de la de los testimonios contemporáneos. Si no hay papeles rituales en el Sabbat, se puede suponer que el aquelarre tal como lo entiende la Cañizares carece de los famosos ritos diabólicos que invierten y distorsionan los ritos religiosos oficiales. Las brujas se acompañan en el viaje nocturno, festejan juntas y gozan de deleites no nombrados con su cabrón: el aquelarre es una experiencia compartida en la cual el yo se subsume en el pronombre nosotras. También hay que destacar en este contexto la estrecha amistad que une a la Cañizares y a la Montiela: aquélla comparte los infortunios y los regocijos de ésta, asume un papel materno hacia los hijos de ella, pasa los “convites” con ella y la acompaña a la sepultura, de todo lo cual se desprende una profunda simpatía y una transferencia de identidad.

Tres

Las relaciones entre las tres mujeres y los hombres a los que se refiere la Cañizares ponen de relieve lo específicamente femenino tanto de la vida cotidiana de las tres como del aquelarre mismo. Por un lado, hay un conflicto asimétrico entre el sistema de justicia y las practicantes de hechicería y brujería. La Cañizares declara en público que fue injustamente acusada de hechicería por unos “testigos falsos” y castigada por un “juez arrojadizo y mal informado”; en privado dice que ella y la Montiela sufrieron los rigores de un “juez colérico” y de un verdugo no sobornado. Aunque los dos pasajes pueden referirse al mismo caso, el contexto del segundo parece indicar que se trata de brujería y no hechicería. En cualquier caso, salta a la vista el poder hostil del sistema judicial, y sus cómplices entre el mismo pueblo, frente a las brujas y hechiceras. En otro momento, la Cañizares habla en tono medio especulativo de los experimentos que han hecho “los señores inquisidores” con “algunas de nosotras que han tenido presas”.

Por otro lado, si el sistema judicial victimiza a las acusadas, la hechicería puede también dominar y subyugar a los hombres: la Camacha los acerca desde muy lejos en un instante y, como Circe, convierte a los hombres en animales, como en el caso de un sacristán de quien “se había servido . . . seis años en forma de asno”. Por su parte la Montiela sabe conjurar una legión de demonios, y la Cañizares media legión. Estos ejemplos de maléfica dominación de lo masculino, tratados con un toque de humor y con posibles matices sexuales en un caso, contrastan netamente con los fines benéficos de la hechicería para con las doncellas, casadas y viudas, cuyos intereses eróticos y matrimoniales la Camacha ayuda a realizar. De ese modo, la hechicería obra no sólo en contra de hombres determinados sino también en contra de un sistema matrimonial basado en la castidad femenina,

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Otro aspecto que hay que tener en cuenta es que estas tres mujeres son al mismo tiempo hechiceras y brujas —aunque la Cañizares haya procurado dejar la hechicería. Esto demuestra que la hechicería y la brujería no denotan diferentes categorías de personas, sino diferentes esferas de actividad. Mientras que la hechicera ejerce control sobre lo masculino, la bruja somete su propia voluntad al placer. Repetidas veces la Cañizares se refiere a la brujería como un vicio adictivo, un pecado carnal, una “costumbre” que “se vuelve en naturaleza“. Los aquelarres a los que va la Cañizares se caracterizan principalmente por la indulgencia de apetitos carnales y no por ritos diabólicos. El demonio en forma de cabrón, burlador y engañador, domina a las brujas, aunque se ponen en duda su credibilidad y poder vaticinador y maléfico —lo cual contrasta con la autoridad que da la Cañizares a las adivinanzas de la Camacha. En efecto, el dominio del diablo sobre las brujas parece reducirse a una función de capacitación para que ellas cumplan sus propias fantasías. Descontando el pasaje poco convincente en el que la Cañizares admite el infanticidio perpetrado por las brujas, la brujería no hace daño a los demás: es un vicio deleitoso concebido como entrega extática, ya sea como fantasía dirigida por el diablo o como realidad centrada en el diablo. El carácter transitivo de la metamorfosis y del movimiento en la hechicería es intransitivo o reflexivo en la brujería, ya que las brujas se convierten en aves nocturnas para efectuar el viaje al aquelarre. Significativamente, aparte de una sola referencia a “brujas y brujos”, la Cañizares siempre se refiere a los practicantes de brujería en términos de nosotras y con adjetivos y participios femeninos. Es esto más que nada lo que da la impresión de un encuentro entre un conjunto de mujeres y su cabrón.

Boris Vallejo

Brujas y su macho cabrón (ensoñación y realidad) dibujos de Boris Vallejo.

Otro aspecto que hay que anotar es que el papel paterno en el proceso reproductivo parece casi superfluo. La Camacha le dice a la madre de los recién nacidos cachorros: “no te dé pena alguna este suceso, que ya sabes tú que puedo yo saber que si no es con Rodríguez, el ganapán tu amigo, días ha que no tratas con otro; así que este perruno parto de otra parte viene y algún misterio contiene”. De modo significativo, la Camacha se ha interpuesto por medio de un hechizo entre la madre y su amante, si éste realmente es el progenitor, transformando a los hijos en perros. También es significativo que al parecer ninguna de las tres mujeres tenga otros hijos. Aunque la Camacha ha sido la autora del maleficio, pone en tela de juicio la noción convencional de paternidad, sugiriendo que esta concepción maculada tiene un indeterminado origen externo. Lo que no se pone en duda son la maternidad y el espacio femenino ocupado por la madre y las dos comadres durante el parto. Ya he aludido al papel materno de la Cañizares hacia Berganza, manifestado en su lenguaje, sus gestos y sentimientos. En este contexto, Patricia Finch ha señalado de modo muy sugerente los paralelos entre el triángulo Montiela-Cañizares-Berganza en el “Coloquio” y el triángulo Claudina-Celestina-Pármeno en La Celestina. Debería notarse además que aunque siempre se ha asociado a las brujas no sólo con el parto sino también con la muerte de niños pequeños, el pasaje sobre el infanticidio en el relato de la Cañizares —con el expresado deseo de dar pesadumbre “a sus padres matándoles los hijos, que es la mayor que se puede imaginar”— no cuadra con otros elementos de la brujería cervantina, tales como la evidente compasión que siente la Cañizares por el parto malogrado y luego por la muerte de la madre, o como su afirmación de que la brujería es un mero vicio.
Los dones de entendimiento y discurso poseídos por Berganza y Cipión se asocian tenuemente con el parto perruno que a su vez sugiere una agencia extrahumana. Hay dos misterios relacionados, entonces: el del nacimiento y el del habla —y los dos parecen originarse en un ambiente sobrecargado de maternidad, brujería y hechicería. Los dos misterios juntos constituyen el fondo inexplicable de donde sale el relato autobiográfico de Berganza, por no decir el coloquio mismo. Como sustituto de la supuesta madre de Berganza, la Cañizares es la que tiene que decirle de dónde viene y de quién viene, y la comadre la Camacha es la que adivina, aunque quizás de manera poco satisfactoria, cómo y cuándo asumirán los perros su “forma verdadera”

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Como dice la Cañizares, el problema es que el modo de que ha de recuperar su forma primera está fuera del alcance de Berganza: “este tuyo va fundado en acciones ajenas, y no en tu diligencia”.Podrían destacarse más en este contexto los efectos producidos por las hechiceras sobre la fertilidad o esterilidad de los campos, y también las diversas conexiones entre las brujas y la muerte: la Cañizares se comunica con los muertos en los cementerios y encrucijadas, vive más en el mundo de sus colegas muertas que en el de los vivos que la rodean, habla del infanticidio, se tiende en el suelo como si estuviera muerta, se ausenta de su cuerpo en un estado de “éxtasis” (en el sentido etimológico), etc. Desde luego no hay ninguna exaltación de lo femenino en este episodio. Feas y malas, las tres viejas contrastan marcadamente con todos los jóvenes y bellos personajes femeninos dentro de la obra de Cervantes. Pero aun así, las tres hechiceras/brujas están, en general, más cerca que éstos de los procesos de creación y disolución, y, junto con otras mujeres maléficas como Cenotia en el Persiles, ejercen una enorme influencia sobre la imaginación cervantina.

Coloquio (1)

Grabado de la edición de las Novelas ejemplares realizada por Antonio de Sancha en 1783 que ilustra esta novela.

Subrayar sobre todo el carácter comunitario de la vida de estas mujeres, tanto en su vida compartida como en sus arrebatos de brujería. Las tres conviven con todo su amor y rencor, rodeadas de una sociedad entre ambivalente y hostil, más masculina que femenina. Las relaciones entre ellas no están mediadas por ningún personaje masculino. Donde la Cañizares y sus colegas encuentran un ambiente más a su gusto es en zonas despobladas —montes y campos— en las que celebran sus reuniones efímeras e infundidas por lo prohibido en compañía de otras que son “nosotras”. Al referirse al aquelarre emplea los términos convite y jira; los dos denotan “fiesta”, el primero poniendo énfasis en la invitación, y el segundo, en el lugar campestre. Sólo mediante el desplazamiento a un mundo apartado se realiza una comunidad algo más ajustada al deseo, y no hace falta señalar el carácter transitorio por no decir ilusorio de los convites, del que es muy consciente la Cañizares. Como las otras comunidades en las Novelas ejemplares que manifiestan ciertas características de diferentes mundos —el ajuar de gitanos y las casas de Monipodio y Carrizales— la comunidad de brujas está infundida de inestabilidad e incertidumbre. A Cervantes, más que a ningún otro escritor español de su tiempo, le fascina la alteridad colectiva a la vez que parece mostrar su inviabilidad.

Las brujas de Cervantes y la noción de comunidad femenina

STEVEN HUTCHINSON          UNIVERSITY OF WISCONSIN-MADISON          12.2 (1992)

Steven Hutchinson

Profesor, Ph. D. de la Universidad de Chicagoprofesor Hutchinson recibió sus títulos en Literatura Comparada y es un especialista a principios de la literatura española moderna. Su primer libro, Los viajes cervantinos (1992), investiga las relaciones entre la escritura y los viajes, mientras que su segundo libro, Economía Ética en Cervantes (2001), propone un replanteamiento de la ética en los estudios literarios. También ha escrito más de cuarenta artículos sobre temas como el pensamiento utópico, la poética, la retórica, la emoción, el erotismo, la geografía, la raza, la cultura y la alteridad religiosa, los escritores españoles estudiados incluyen Antonio de Guevara, Melchor de la Serna, Jerónimo de Pasamonte, Jaime Bleda , Cervantes, Góngora, Quevedo, María de Zayas, Alonso de Contreras, Antonio Machado y Cernuda, entre otros.

coloquio

El coloquio de los perros

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Retrato atribuido a Juan de Jáuregui (c. 1600).

Miguel de Cervantes Saavedra