BRUJAS EN LA REALIDAD Y LA FICCIÓN

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Leonor Rodríguez «La Camacha»

Para diferenciar hechiceras y brujas, nos basamos, primeramente, en las afirmaciones de JULIO CARO BAROJA (Las brujas y su mundo, Madrid, Alianza, 1992, pp. 113, 135 y 148), que relaciona la hechicería con la práctica solitaria y urbana, y la brujería con la práctica comunitaria y rural. Por otra parte,no es necesario acudir a otros estudios para trazar la diferencia entre bruja y hechicera, las piezas literarias no suelen confundir ambas figuras. La hechicera, además de ser independiente y urbana, tiene relación con el diablo, al que invoca en sus rituales mágicos, pero su trato de amistad con él no pasa de ahí. La bruja se reúne en un cierto punto (valle o montaña) con otros integrantes de la secta y adora al diablo, ante el cual ha renegado de Dios y ha jurado obediencia, e instigada por él debe practicar todo el mal que esté en su mano. No debemos olvidar que también mantiene relaciones sexuales con su mentor, aspecto que se halla ausente en el caso hechiceril.

Hechiceras y brujas: algunos encantos cervantinos EVA LARA ALBEROLA.

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Las brujas y su mundo (Alianza Editorial)

 

Leonor Rodríguez “La Camacha”

Por lo que se conoce de Leonor Rodríguez “La Camacha”, nació en Montilla (Córdoba), más o menos por 1532, siendo sus abuelos paternos Antón García Camacho y Leonor Rodríguez, tuvieron tres hijos: Leonor y Elvira García, y a Juan Camacho, este último falleció antes de 1531. La segunda hija de aquel matrimonio, Elvira García, casó con Alonso Ruiz Agudo, de cuyo matrimonio nació una sola hija, Leonor Rodríguez, a la que le impusieron en la pila bautismal el nombre de la abuela y adoptó su apellido.

El apodo de “Las Camachas·, viene derivado del segundo apellido paterno, es decir, que ya a la abuela, madre y tía, así les llamaban por este apodo, cosa por otra parte muy corriente y usual en la mayoría de los pueblos de España. Pero solo Leonor pasaría a la historia con este apodo familiar.

Esta Leonor Rodríguez, “La Camacha”, se casó con Antón García de Bonilla, que murió porque, según las habladurais del pueblo, “lo volvio loco”, de cuyo matrimonio nacieron dos hijos varones, uno, que al igual que a su padre lo volvió demente, y Antón Gómez Camacho, que vivía cuando fue juzgada por la Inquisición, y aún le sobrevivió durante muchos años.

En 1567 desapareció durante cuatro meses de Montilla, según cuenta se fue a Granada, donde al parecer se inició en el arte especialmente con una mora que le enseñó los primeros rudimentos y le facilitó las hierbas necesarias para hacer ungüentos, pociones, reparar virgos…

Se enorgullecía de haber aprendido de los más notables y aventajados moros y cristianos, y fueron tantos sus anhelos de superación en conocer nuevas técnicas, que no tenía ningún pudor ni rubor en declarar que estuvo fornicando algún tiempo con un moro, “sin bautizar” (debemos recordar, que por aquellos días eran perseguidos los “no bautizados, tanto moros como judios) para que le diera lecciones.

Eran muchos los que requerían sus servicios, siempre les decía que ella no sabía gran cosa de ello, pero, les prometía hacerle algún conjuro para tratar de conseguirlo, o bien, que se lo encargaría a otra hechicera que lo hiciera por su mediación, con lo cual aumentaba sus honorarios.

Conocía a la perfección quién había hecho pacto con el diablo, y las huellas o marcas que habían dejado su convenio.

Entre las aspirantes a hechiceras gozaba de un gran prestigio, por lo que sus lecciones eran estimadísimas y ganaba dinero con las clases, concertaba previamente lo que le habían de abonar por cada lección, que unas veces era en metálico y otras en especie o las dos cosas a la vez, siendo de su preferencia en Cuaresma, las “asaduras y los pollos”.

Por todas estas y otras muchas cosas más, presumía de ser una magnífica profesional, y a pesar de ello, para estar al día de cuantas innovaciones y nuevos métodos en el “arte” se iban produciendo, cuando se enteraba de que en algún lugar existía una hechicera, daba igual si era mora, cristiana o judia, que supiera algo más que ella, sin reparar en gastos ni molestias, se lanzaba en su búsqueda para tratar de conseguir ampliar sus conocimientos.

Segun esta leyenda tenía un “laboratorio” bastante bien pertrechado de elementos, entre los que se encontraban, además de los utensilios propios de la cocina como ollas, jarras, redomillas, etc. el pertinente cuchillo de cachas prietas para realizar los cercos, sapos y salamanquesas muertas y disecadas, escarabajos, el cedazo, cera, velas, orines de negra, figuras de hombres recortadas en lienzo, gran cantidad de alfileres, que decía habían estado en el infierno, infinidad de hierbas para la confección de ungüentos, cáscaras de cebollas, y otros “materiales” que tenían como finalidad el arte de la brujeria y el culinario, tales como garbanzos, habas, huevos, vino, sal, pimientas, y otras especies.

Su fortuna y hacienda eran considerables, pues a las dos tiendas y el mesón, que había heredado de su madre, se unía al producto de su “trabajo”, por eso, los Inquisidores, además de secuestrarle los bienes, le impusieron de multa la importantísima cantidad de 56.250 maravedís, equivalente a ciento cincuenta ducados.

La causa de la prisión de “La Camacha”, ya la sabemos: fue por la acusación de los Padres Jesuitas de Montilla, que comunicaron al tribunal de Córdoba, que en dicha villa existían “más de cincuenta personas que tenían familiares”, que habian acudido a la “bruja”

A pesar de los “favores” prestados a sus conciudadanos, no debió gozar de mucha simpatia en su pueblo natal a juzgar por el crecido número de personas que testificaron contra ella; veintidós vecinos eran muchos para una villa relativamente pequeña por aquellas tiempos, que no solamente la acusaron, sino que ampliaron los cargos y aunque se mantuvo por algún tiempo negando cuanto le habían imputado y adjudicándoselo a otras hechiceras o personas fallecidas, como hacían la gran mayoría de ellas, a pesar de sus muchos poderes mágicos, no pudo escabullirse de “ser puesta a cuestión de tormento”, por lo que, ante medios tan “persuasorios”, no tuvo más remedio que confesar de plano y con todo lujo de detalles.

 

 (Abjuración de Lervi)

El Casamiento engañoso y el coloquio de los perros.CERVANTES.1918 Rodriguez Marín.

El Casamiento engañoso y el coloquio de los perros.CERVANTES.1918 Rodriguez Marín.

El día 8 de diciembre de 1572, en la ciudad de Córdoba. Catalina Rodríguez, Leonor Rodríguez “La Camacha”, Mari Sánchez “la Roma”, y Mayor Díaz, todas ellas vecinas de la localidad de Montilla, comparecieron en compañía de Ana Ortiz, de Baeza, y Rodrigo de Narváez, de Jaén, convictos ambos, asimismo, de taumaturgia. Confesaron haber hecho pacto con el diablo; trazado círculos en el suelo con el objeto de invocar demonios; y celebrado nocturninas ceremonias rituales en el cementerio de la localidad. La Camacha era, a lo que parece, quien acaudillaba el movimiento; Miguel de Cervantes escribió, por cierto, una muy conocida enumeración de sus presuntas habilidades: «Ella congelaba las nubes cuando quería, cubriendo con ellas la faz del sol, y cuando se le antojaba, volvía sereno el más turbado cielo; traía los hombres en un instante de lejas tierras; remediaba maravillosamente las doncellas que habían tenido algún descuido en guardar su entereza; cubría a las viudas que con honestidad fuesen deshonestas; descasaba las casadas, y casaba las que ella quería. Por diciembre tenía rosas frescas en su jardín y por enero segaba trigo. Esto de hacer nacer berros en una artesa era lo menos que ella hacía, ni el hacer ver en un espejo, o en la uña de una criatura, los vivos o los muertos que le pedían que mostrase. Tuvo fama que convertía a los hombres en animales, y que se había servido de un sacristán seis años, en forma de asno». Leonor Rodríguez recibió, en consecuencia, una pena más grave que la de sus amigas y compatriotas. Es de notar, por cierto, que ninguna de las sagas, a pesar de los gravísimos delitos que reconocieron haber cometido, acabó en la hoguera; la Camacha, sin ir más lejos, recibió cien azotes en Córdoba, cien en Montilla, pagó una multa de ciento cincuenta ducados, prestó dos años de servicio público en un hospital de Córdoba y hubo, en fin, de vivir diez en el destierro. Las penas, en cambio, del resto de las acusadas fueron bastante más leves; Mayor Díaz, de hecho, no recibió ni un solo azote: su pena consistió, sin más, en la vergüenza pública.

Goya 5

24. Nohubo remedio.
A esta santa señora la persiguen de muerte. Después de escribirla la vida la sacan en triunfo. Todo se lo merece y si lo hacen por afrentarla es tiempo perdido. Nadie puede avergonzar a quien no tiene vergüenza. [El Prado]

Al día siguiente según norma de la Inquisición, cabalgando sobre un asno, por las principales calles cordobesas, recibió los cien azotes ordenados, con el consiguiente jolgorio y regocijo de la chiquillería y satisfacción de mayores, naturales y foráneos. A los pocos días, en cumplimiento de la sentencia, fue trasladada a Montilla, donde, con el mismo «ceremonial», le propinaron los otros cien azotes.

Sin duda, ya le habían devuelto sus bienes y obtenido un permiso especial para trasladarse a Montilla, al objeto de ordenar sus negocios. Allí se encontraba el 6 de febrero de 1573 otorgando carta de venta y de imposición de censo y tributo a favor de su hijo, ahora se llamaba como su padre: Antón Gómez de Bonilla, y a sus herederos, de 3.501 maravedís y medio de censo de tributo cada año, a razón de 14.000 maravedís, además, como su hijo había afrontado los gastos que “La Camacha”, había tenido durante su estancia forzosa en las cárceles inquisitoriales de Córdoba; por un memorial, le reconoce las deudas contraídas, entre las que figuran la compra de los tejidos. Tras una vida tan intensa dedicada a las artes mágicas y a sus innumerables negocios, entregó su alma a Dios o al diablo en el 1585, apenas contaba con 53 años de edad

 

La obra de cervantes “Novelas ejemplares” y el episodio de “El coloquio de los perros” pese a la gran fama que gozan y que han hecho mundialmente (al menos eso creemos en España) famosa a la bruja “La camacha”. No ha servido para tener muchas imágenes de ella como sucede con “la celestina”, por ejemplo. La obra de pintores e ilustradores han racaneado mucho con ella y no ha gozado de mucha consideración por parte de ell@s. Para fatalidad de tod@s, que careciendo muchas veces de la inspiración de las musas para sacar un tema. No recaen nunca en la escases de retratos o cuadros de que nuestra bien apreciada protagonista carece. Para más desesperación de esta humilde sierva del Dios y de la Diosa que no sabe nada de pinturas ni pinceles. No teniendo bastante con esto (encima de lo poco o nada que hay y que yo he encontrado) lo que existe recibe diferentes nombres tal es el caso de la obra “la cocina de las brujas “de nada más ni nada menos que de el mismísimo Francisco de Goya y Lucientes.

La cocina de las brujas.

Según el autor Frank Irving, esta obra,conocida  erroniamente con el nombre de la cocina de las brujas, debería llamarse  “Berganza y Cañizares”, pues representa a estos personajes de la novela de Cervantes “El coloquio de los perros”.

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La Casa de las “Camachas” en Montilla, Córdoba.

 

Montilla en Córdoba, enmarca su término municipal en la Campiña Alta, localizándose el núcleo de población aproximadamente en el centro del mismo. Aquí se enmarca la Casa de las Camachas.  Construida alrededor del siglo XVI en Montilla, este nombre le viene dado por su proximidad al lugar en que se encontraba el mesón desaparecido donde vivieron las pintorescas Camachas señaladas por la leyenda como brujas y alcahuetas: la Camacha, la Montiela y la Cañizares. Una de ellas, Leonor Rodriguez la “Camacha”  es nombrada por Miguel de Cervantes en su libro “El Coloquio de los Perros”.

En la casa que figura con el número 4 de la antigua calle de Tarasquilla, de creer a pies juntillas la tradición, allí vivieron las tres brujas legendarias conocidas como Las Camachas. De entre ellas destaca el personaje histórico, controvertido y celestinesco de Leonor Rodriguez “La Camacha”, de cuyas artes brujeriles Miguel de Cervantes Saavedra hace contínuas alusiones en su obra “El Coloquio de los Perros”.

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Casa de la Camacha_1

La historia sobre la que Cervantes centra su novelesco relato, bien pudo ser escuchada personalmente por el propio escritor durante su estancia en Montilla, en los últimos años del siglo XVI. Así, Miguel de Cervantes recogería del comentario popular, la historia de la bruja juzgada por el Santo Oficio, posiblemente aumentada por la exageración y la maledicencia. En su famosa novela ejemplar, el escritor describe a Leonor Rodríguez “La Camacha” con expresiones que definirían a la bruja de alcahueta, celestina y proxeneta.

Al mesón de la Camacha, ya desaparecido, y situado antiguamente cerca de la casa, llegó don Alonso de Aguilar, un joven rico, para pedir a las brujas ayuda con el objetivo de seducir a doña Mayor de Solier, una dama Montillana.

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Casa de la Camacha_2

Tras la intervención de las Camachas, la mujer quedó embarazada. Esta aseguró a su madre que su maternidad era fruto de los hechizos de las brujas, y denunció el caso ante la Inquisición. Para evitar el escándalo, don Alonso influyó de tal modo que la violación fue disfrazada de brujería.

Según se dice en el proceso Inquisitorial, la dama fue encontrada desmayada en una de las habitaciones de la casa, tras haber visto a don Alonso convertido en un hermoso caballo.

Cabe decir, que estos hechos pudieron suceder de manera distinta y haber sido la madre de doña Mayor quien pidiera ayuda a las hechiceras para atraer al joven hacia su hija.

Hasta este escenario se desplazaron en 2003, casi cinco siglos después dos mediums pertenecientes a un  programa de Canal Sur donde según ellas sintieron algunos de los momentos más trágicos de su misteriosa historia.

Nada más cruzar el dintel de la puerta de acceso a esta casa construida en el siglo XVI, las dos mujeres comenzaron a mostrarse inquietas y a sentir malestar físico, náuseas, temblores y mareos. Estas manifestaciones se intensificaron a medida que recorrían las diversas dependencias de la vivienda, donde detectaron presencias de supuestos hechos anteriores vinculados a esta edificación. En concreto, una de las paredes del patio captó su interés, así como la cocina, en cuya chimenea aparece esculpida una curiosa cabeza de rasgos indefinidos. Uno de los sótanos más estrechos y oscuros de la casa atrajo, igualmente, su atención.

Una de las medium, Antonia Martínez, dice haber percibido claramente la existencia de ritos iniciáticos que se remontan a los orígenes de la casa y confirma que ha detectado sensaciones de violencia relacionadas con la práctica de la brujería, incluso actos trágicos que desembocaron en la muerte de varias mujeres y niñas.

Sea como fuere,  esta casa guarda numerosos secretos que quien sabe si algún día podrán ser desvelados. De lo que no hay duda es de que gracias a estas brujas, Cervantes pudo inspirarse para escribir su magnífica obra.

 

 

 

 


Brujas hasta en la sopa

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Dos viejos comiendo sopa
Francisco de Goya, 1819-1823
Óleo sobre muro, trasladado a lienzo • Romanticismo
49,3 cm × 83,4 cm
Museo del Prado, Madrid, España

Dos viejos comiendo sopa

Sopa de brujas

Sopa de brujas

Sopa de letras (alimento)

La sopa de letras es una especie de sopa elaborada a base de concentrados y que contiene una especie de fideos en forma de diversas letras del alfabeto. Se considera que es una sopa orientada de forma tradicional a la alimentación de los niños, para que de esta forma puedan ser motivados a la lectura o al juego educativo mientras comen las sopa. Es un plato internacional que puede encontrarse en muchos países.
Se trata de una sopa de simple elaboración, se suele preparar generalmente con un caldo de carne, de pollo o de verduras ligeramente concentrado (rara vez se encuentra con caldos de pescado), al que se le añade ya caliente la pasta en forma de alfabeto y se deja cocer brevemente. Se sirve en bol ligeramente caliente.

Sopa de letras (pasatiempo)

 La sopa de letras es un pasatiempo inventado por Pedro Ocón de Oro, que consiste en una cuadrícula u otra forma geométrica rellena con diferentes letras y sin sentido aparente. El juego consiste en descubrir un número determinado de palabras enlazando estas letras de forma horizontal, vertical o diagonal y en cualquier sentido, tanto de derecha a izquierda como de izquierda a derecha, y tanto de arriba a abajo, como de abajo a arriba.

Las palabras a encontrar se pueden englobar dentro de una temática concreta.

Pedro Ocón de Oro

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Brujas alrededor de una marmita.

 

marmita.

(Del fr. marmite).

1. f. Olla de metal, con tapadera ajustada y una o dos asas.

Marmitas de hierro clásicas.

Marmitas de hierro clásicas.